Existen diferentes razones por las que podemos ser víctimas del pasado, como puede ser la pérdida de un ser querido, el dolor de una ruptura, una madre tóxica o la pérdida de un trabajo. Así que veamos también distintos ejercicios prácticos que nos ayudarán a sentirnos mejor.

  1. Escribe una carta

Hay veces que perdemos a alguien y es entonces cuando nos damos cuenta de todo lo que se nos ha quedado dentro sin poder compartir. Desde muchísimos “te quiero” hasta elogios, reconocimientos, regalos o caricias. Físicamente ya no es posible decirlo, pero sí que podemos estar en contacto, emocionalmente hablando, con la persona fallecida.

Anímate a escribir una carta o un diario, en los que puedas expresar, sin culpa, sin reproches, cómo te sientes, lo que echas de menos, todo lo que se quedó en el tintero. Escribir es reconfortante. Ayuda a poner en orden nuestras ideas y también ayuda a liberar sentimientos.

No te asustes si te sorprendes llorando con este ejercicio. Llorar es positivo, permite desahogarnos y nos hace sentir luego mejor.

  1. Caja de los olvidos

¿Qué te parecería la idea de poder dejar en una caja todo aquello de lo que no te quieres ocupar más, todo aquello que te genera tristeza?

No puedes dejar en una caja del olvido asuntos importantes que te preocupan de los que sí te puedes ocupar. Pero temas como, por ejemplo:

  • Etiquetas negativas.
  • Un abuso de poder en tu empresa.
  • El error que cometiste en tu anterior trabajo que te remueve cada vez que le das vueltas.
  • Un o una ex que te trató de forma injusta y te tomó el pelo.
  • Un accidente de coche.

Estos temas no tienen vuelta atrás. Pasaron. Y podrás tener en ellos más, menos o ninguna responsabilidad. Lo que sí sabemos es que no tienen forma de recuperarse, corregirse o vivirse de nuevo. Así que escribe cada tema en un papel. Escribirlos será un acto simbólico para alejarlos de ti. Y luego introduce cada uno de ellos de forma consciente en esa caja de los olvidos. Cuando metas el papel, puedes tener un mantra del tipo “me alejo de ti, eres un recuerdo, nada más que un recuerdo”.

  1. Meditación para dejar ir

Beatriz Muñoz, instructora de Mindfulness y autora del maravilloso libro “Mindfulness funciona”, describe en su libro una meditación que nos ayuda a dejar marchar. Se trata de poner delante de ti a la persona de la que te deseas alejar, a través de un ejercicio de visualización, es decir, no necesitas que la persona esté físicamente presente. La imaginamos sentada enfrente nuestro, cerramos los ojos, y por muy doloroso que sea el momento, le decimos “te deseo paz, te deseo bienestar, te deseo salud y que la vida te trate bien”. Y visualizamos como lentamente la persona se aleja de nosotros, con harmonía, con serenidad, con paz interior.

Para que tenga efecto, tendrás que realizar esta meditación en más de una ocasión. A veces es tan doloroso realizarlo, que no es suficiente para generar el efecto positivo que tiene.

Y este ejercicio lo realizamos no porque la persona se lo merezca, puede ser que se trate de alguien que nos haya tratado mal. Sino porque el rencor, la venganza, hablar mal de alguien no alivia nuestro sufrimiento. Lo que sí lo alivia es dejar marchar, desatarnos de ese pasado.

  1. Perdonar

Perdonar no borra de la memoria, pero si implica olvidar realizar acciones en contra o acciones que te llevan a tomar la justicia por tu mano. Perdonar también permite dejar de pensar en la idea de venganza, en lo que los alemanes denominan “Schadenfreude”. No tenemos en castellano un término para definirlo, pero sería más bien la idea de disfrutar del mal ajeno, que es lo que suele motivar cuando necesitas reparar el daño que te han causado.

La persona que perdona no es débil. Al revés, hay que tener mucha fortaleza y unos valores muy definidos para poder perdonar: humildad, generosidad, espiritualidad, compromiso, benevolencia, altruismo, integridad, honestidad…

Psicológicamente hablando, perdonar no incluye la idea de reconciliación, sino una experiencia interna en la que la persona deja de sufrir por el daño vivido. Lo que se trata es de encontrar la paz. Perdonar no incluye la colaboración de la otra persona, sino la tranquilidad de las decisiones que tú tomas respecto a la ofensa. Puedes perdonar incluso cuando el otro no se disculpa. Así que no necesitas su perdón, solo perdonar tú. Perdonar no significa que te tengas que llevar bien con. Es más bien un acto de reconciliación contigo más que con quien te ofendió.

Para perdonar, puedes verbalizar hacia dentro o hacia fuera en voz alta, algo tan sencillo como “perdono lo que ha ocurrido, no puedo repararlo, no puedo cambiarlo, así que perdono”. Sin más.

  1. Llevar una lista de temas pendientes

Hay temas que no podemos cerrar. Bien porque no sea el momento, bien porque nos estamos anticipando, bien porque dependen den terceras personas. Cuando nuestra mente sabe que algo nos preocupa, suele taladrarnos con ello solo para que no se nos olvide.

Si tienes asuntos pendientes que ahora no puedes cerrar, pero que sí tendrán un curso distinto en el futuro, es decir, que están vivos, escribe. Una demanda pendiente, una revisión médica, un viaje, un contrato largo que tienes que firmar, una obra… haz una lista con todo o una hoja de Excel en la que anotes: asunto, situación actual, personas relacionadas, teléfonos o correos de contacto, próxima reunión o fecha.

Con este simple ejercicio, tu cerebro sabrá que puede desatender esta información. Es decir, al estar escrito y organizado, ya no se ve en la obligación de tener que recordártelo para que no se te olvide. Y esto permite a tu mente centrase en el presente o en asuntos que sí puedas resolver ahora.

  1. Reinterpreta

No se trata de justificar a la persona, solo de ver otras opciones a su comportamiento. Igual no fue malintencionado, aunque te hiciera daño. Es más fácil perdonar y pasar página si descartamos la mala intención.

  1. Introduce un cambio

Los recuerdos dolorosos están muy relacionados con otros estímulos. La decoración, la rutina, el lugar dónde vives, los sitios de ocio que frecuentas. Si quieres olvidar, también puedes modificar tu entorno. No se trata de cambiar por completo tu vida. Pero sí de redecorar tu casa, tu habitación, tu forma de vestir, salir a restaurantes distintos, empezar con actividades o aficiones pendientes. En definitiva, generar un cambio para generar nuevos recuerdos y, sobre todo, que los estímulos y el entorno del pasado no estén provocando recuerdos dolorosos.

  1. Tira

Una forma más drástica de cambiar el entorno es deshacerte de recuerdos. Tendemos a guardar todo por miedo a la nostalgia. Tira regalos, tira fotos, tira lo que te incomoda, lo que te da malas sensaciones. Tira. No regales a personas cercanas. Si regalas sabrás que tu amiga sigue teniendo lo que te hace daño. En todo caso, llévalo a quien no conozcas como puede ser a Cáritas o la Cruz Roja. Así podrás ayudar a otras personas.

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