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14 de marzo de 2020

Valores frente al impacto del Coronavirus

14 de marzo de 2020

En estos días de histeria y miedo colectivos, se oye, se habla, se critica, corren bulos y, sobre todo, se escuchan quejas. La población está desconcertada, con miedo, confusa, y en estos casos las personas solemos tener reacciones irracionales. El miedo, en lugar de paralizarnos, nos desborda. Nos lleva a comprar de forma compulsiva, a realizar comportamientos que no preservan nuestra vida como el uso descontrolado de mascarillas inútiles. Realizamos este tipo de conductas más porque el ritual nos relaja que porque sean efectivas contra el Coronavirus.

Lo único que ahora es prudente, responsable y efectivo en cuanto a la propagación del virus, es la disciplina social y seguir de manera estricta las directrices que las autoridades nos van dando. Y aquí somos todos responsables. Los jóvenes, los adultos, padres y madres. Porque cada acto imprudente puede generar un contagio en cadena, un efecto dominó, un colapso en hospitales.

La gente joven suele infravalorar el riesgo de sus experiencias. Lo hacen con el consumo de alcohol, de tabaco y también con las medidas que ahora deben adoptar respecto al distanciamiento social.

Nos están pidiendo que nos quedemos en casa. Pero como este consejo parece no gustarnos, buscamos argumentos que lo contradigan. “Total, si no te contagia un amigo, te contagiarás en otra parte”, “pero si la situación aquí está controlada”, “pero si el virus este tampoco es tan peligroso”, “pero si estamos en la terracita a más de un metro”. ¡Qué mal le sienta a la mente escuchar lo que no le apetece asumir!

Tenemos la experiencia de Italia, y aun así queremos seguir siendo unos incrédulos respecto a las medidas que debemos adoptar, como si la autoridad quisiera aislarnos por capricho.

Menos queja y más acción

Como todo en la vida, gran parte del problema se controla o disminuye su impacto a través de la educación en valores. ¿Qué valores necesitamos ahora como agua de mayo?

  1. Responsabilidad

Responsabilidad de todos y cada uno de los ciudadanos. A pesar de que uno se encuentre sano, obviar las medidas establecidas por el Gobierno es poner en riesgo, igual no tu vida, pero si la de tus mayores o la de las personas cercanas a ti.

Responsabilidad no es ni más ni menos que cumplir con las directrices que nos han marcado. Salir lo menos posible de casa, cumplir con las pautas de higiene, no dejar a los niños a los abuelos, mantener la distancia social, no darnos abrazos, la mano o besos, no colapsar las visitas a urgencias si no es estrictamente necesario, llamar al 061 en caso de sufrir síntomas, no viajar a zonas de riesgo y sobre todo la juventud, no tomarse estos días falta de clases como si estuvierais de vacaciones. No son vacaciones, son cortafuegos para que el virus no se propague. Si no vais a clase, pero quedáis en parques, bares o discotecas para veros, de nada sirve las medidas adoptadas por el Gobierno.

  1. Generosidad y altruismo

Los jóvenes son imprudentes, pero son maravillosos. Son los primeros que han salido a ofrecerse para realizar la compra a las personas mayores y que así no tengan que salir de casa.

Necesitamos tejer una red de ayuda. De ayuda sin más retorno que el propio placer de ayudar. Padres y madres que no tienen con quién dejar a sus hijos para poder ir a trabajar, mayores que no salen ni a la farmacia a por sus medicamentos, familias colapsadas que no tienen tiempo ni de organizar las comidas. Siempre se puede hacer algo por alguien. En las propias comunidades se puede cocinar para los demás, los jóvenes adultos sin clase pueden cuidar de los pequeños para que los padres puedan trabajar, y cuando sea seguro, se puede hacer los recados que los mayores no puedes realizar.

Todos, dentro de la prudencia y la seguridad y el estado de alarma decretado, podemos hacer en este momento algo por los demás. Y este punto es especialmente importante en temas económicos. Estamos todos cancelando eventos, reuniones, viajes, y tener empatía por parte de las empresas, hoteles, trenes, ayuda en parte a sostener un poco la parte económica. Yo tengo que dar las gracias a dos hoteles que me han facilitado todo para poder cambiar de fechas mis talleres, el hotel Catalonia Atocha, el Silken Gijón y el hotel NH Sants. Muchísimas gracias por ponerlo tan fácil.

  1. Aceptación

Aceptar no es resignarse, no. Se trata de dejar de luchar contra lo que no es controlable. Dejemos la queja de lado y centrémonos en lo que depende solo de cada uno de nosotros.

En momentos de crisis o ansiedad, hay personas que se comportan con impaciencia, impertinencia, egoísmo incluso despotismo. Quieren ser atendidos, quieren que se les resuelvan sus problemas sin darse cuenta de que ahora todo es relativo, salvo preservar la salud y la vida de muchas personas que lo necesitan.

Necesitamos desarrollar la paciencia y pensar que la situación es complicada y que seguro que existen urgencias más urgentes que las de uno mismo.

 

No tengo ninguna duda que los españoles nos unimos todavía más cuando nos necesitamos. Hemos dado muestras de ello en muchas situaciones traumáticas, de atentados, de desgracias. En situaciones de crisis nos sale de forma natural mirar por el otro, ¿no piensan igual?

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