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Educar en la responsabilidad y el esfuerzo

Queremos que aprendan a ser más responsables, estudien sin distracciones, tengan mayor autonomía, dejen de pelearse con los hermanos, fomenten sus relaciones con los amigos, practiquen deporte, jueguen menos con la videoconsola y que dediquen ese tiempo a la lectura, coman más verdura y fruta y dejen de protestar por todo… ¡ah, y que hagan todo a la primera! Dios mío, ni la persona más perfecta sería capaz de alcanzarlo todo. La lista puede ser interminable, pero solo con constancia, perseverancia y mucha paciencia por nuestra parte podremos ayudarles.

Si eres padre, madre, maestro, entrenador o cualquier otra persona encargada de educar en valores y formar, puedes seguir estos consejos que estuvimos trabajando en el taller. La letra con sangre no entra, y la falta de argumentos nos deja sin credibilidad. Para educar incluye en tu receta altas dosis de humor, disfruta con lo que enseñas, ten mucha paciencia, un ritmo lento y pausado (porque los niños se ponen nerviosos y se desesperan con nuestras prisas y nuestro tono de “me estoy cansando”) y trivializa lo que de verdad se pueda. No quieras cambiar todo lo que te molesta de golpe o te cargarás su autoestima. Empieza por lo que sea más importante o lo que más torpedee el desarrollo cotidiano, ¡y manos a la obra!

Tus hijos necesitan saber el significado del esfuerzo. La cultura actual en la que todo es asequible y todo se compra no ayuda a educar en la idea de “si quieres algo haz por merecerlo”. Acostúmbrales a conseguir metas basadas en la dedicación, atención y concentración. Para educar en el esfuerzo y la responsabilidad a las personas de las que eres responsable tienes que:

  1. Necesitan una motivación…un motivo para implicarse

Nada nos compromete más que el propio deseo por hacer las cosas. Nuestras motivaciones puede que no coincidan con las de ellos. Está bien explicarlas, porque, aunque no las compartan por lo menos entenderán por qué les pedimos lo que les pedimos.

Empieza por preguntar “¿Cuál sería tu motivo para hacer lo que tienes que hacer?

  1. Ayúdales a elaborar un plan

¿Qué significa para ti ser responsable? Pídeles que definan qué significa ser responsables en las distintas áreas: cuidado personal, toma de decisiones, estudios, compromisos, zonas comunes, cuidado de mascota… Y recuerda “deber antes que placer”. En el plan son importantes los tiempos de duración y el momento.

Asigna a cada uno las tareas y responsabilidades en función de su edad y capacidades. Es difícil que uno niño se motive con algo que le cuesta mucho. Abandonará a la primera porque se sentirá frustrado. Las metas para los niños tienen que ser como las de los mayores, motivantes, ambiciosas, pero asequibles. Cada edad y la propia madurez del niño te van marcando lo que les puedes exigir. A los niños de dos años puedes ayudarle a recoger sus juguetes y a guiar su mano para llevar la ropa al cesto de la ropa sucia, colocar el chupete en su sitio si todavía lo usan y enseñarles el valor del NO si no han cumplido con lo que le has pedido.

Todos en casa, en función de su edad, tienen que participar. Hace falta la colaboración de todos los miembros del equipo para que haya sinergia en el grupo. Una familia en la que son los padres los que tiran de todo, sobreprotegen y hacen todas las tareas domésticas porque sus hijos protestan al levantarse de la tele, es un hogar sin equilibro. El equilibrio está cuando todos comparten deberes y derechos.

  1. No convence la autoridad, convencen los argumentos.

No nos molestamos en argumentar porque creemos que con la autoridad conseguimos lo que queremos. Es la zona confortable. Tratemos de hablar, escucharlos, conocer su punto de visto.

Invirtamos tiempo dando las explicaciones oportunas a nuestros hijos de por qué es importante hacer o no hacer algo de forma responsable.

Y para ello NO sirven…

  • Los gritos
  • Repetir varias veces lo mismo
  • Amenazar o castigar
  • Utilizar el chantaje emocional
  • Sermonear desde la moral o la ética
  • Imponer y ser autoritario
  • Y no sirve bajo ningún concepto, levantar la mano
  1. Antes que imponer, probemos a “jugar a ser responsables»

Les dejo el ejemplo de algunas propuestas de las que hablamos en el taller. En mi libro de “Educar con Serenidad” tienen cincuenta propuestas que les pueden ayudar a gestionar emociones, obedecer, comunicar con respeto, educar en valores…

  • Puntuar el resultado (como en una competición deportiva)
  • Hablar sobre el esfuerzo requerido (panel de expertos)
  • Hacer un collage, diario, mural sobre la responsabilidad y el esfuerzo
  • Convertirnos en detectives de sus actos responsables y compartirlos
  • Dar clases a los peluches
  1. Nada educa más que el ejemplo

Haz lo que yo digo pero no lo que yo haga es el fracaso de cualquier valor que transmitas y cualquier esfuerzo que les pidas. Si quieres que tus hijos se impliquen con la casa, trata de que haya un reparto equitativo, tanto para el padre como para la madre. Si queréis que el niño se dedique más a jugar con juegos de mesa, leer y hacer deporte en lugar de estar chateando en el teléfono, dejad vosotros también de hacerlo. Y así, con todo.

  1. ¿Estás [email protected] de que se ven capaces?

A veces pensamos que nuestros hijos entienden y saben perfectamente lo que tienen que hacer y cómo, pero no es así. Trasládales la idea de que confías en ellos y de que son capaces. “Confío en ti y sé que tendrás criterio para tomar la decisión correcta”. Enséñales a pensar en lugar de resolverles el problema. Aunque parezca que no, necesita tu aprobación. Reconoce cualquier cambio y dale las gracias.

  1. Sí, puede hacerlo solo

A su manera, pero puede hacerlo solo. No le quites obstáculos que tiene que solventar él. Los niños buscan nuestra atención y aprobación contantes. Dáselas por lo correcto. Los niños reclaman continuamente nuestra atención.

  • “Mamá jugará contigo cuando termines los deberes, recojas el cuarto o lo que tengas pendiente”
  • “Prueba a hacerlo solo, a veces me quedo fascinado con tus resultados cuando te pones a hacerlo solo”
  • “Sorpréndeme”
  1. La tolerancia a la frustración nos educa en la responsabilidad

Deja que dé la cara y se enfrente a su falta de responsabilidad. Enséñale a pedir perdón y a reparar el daño. No asumas lo que no es tuyo. Tú no eres quién le tiene que decir los deberes. Anotarlos es su responsabilidad. Los grupos de WhatsApp de padres y madres de la clase fomentan la irresponsabilidad y la comodidad de los hijos. “¿Para qué voy a escuchar al profesor o al entrenador si el grupo de WhatsApp dirá la hora del partido o los ejercicios que tengo que hacer?»

No le sobreprotejas. Si se cae, que se levante; si no le sale, que lo vuelva a intentar; si se frustra, que llore y avance. Sí, el dolor, la frustración y la pena son emociones con las que tienen que aprender a convivir. Se sentirán muy orgullosos de sus logros y trabajos si les dejas que se equivoquen y lo vuelvan a intentar. Ahora, si tratas de hacer los deberes por ellos, ayudarles en todo para que acaben rápido, no aprenderán que las cosas no se consiguen a la primera y que requieren de tiempo y dedicación para alcanzarlas. Piensa que en su futuro trabajo no tendrán a nadie detrás haciéndoles los resúmenes o los trabajos del colegio.

  1. Los límites son innegociables
  1. Los límites tienen que ser pocos, muy pocos, pero innegociables. No digas hoy que no y mañana que sí. Los niños, aunque te discutan los límites, los necesitan.
  2. Los límites van en función de tu escala de valores.
  3. No necesitas gritar ni desesperarte para que obedezcan. Solo decirles con serenidad y paciencia que tu propuesta es innegociable.
  4. Si como padre o madre te cuesta saber qué es lo correcto, asesórate con un profesional.
  5. Revisa tus límites a medida que crecen y maduran. Todos evolucionamos.
  6. Los límites que no pongas en la edad infantil, te costará mucho ponerlos cuando sean adolescentes.

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