Hasta el próximo viernes 21 de abril, disfruta del taller «Cómo potenciar la autoestima de nuestros hijos« a un precio reducido de 12€

¡Bienvenid@s a la biblioteca de talleres online! 

Hemos creado esta biblioteca donde podréis disfrutar de aquellos talleres que no pudisteis ver en su momento. Con esta plataforma podréis verlos en el momento que mejor se adapte a vuestras necesidades.

Desde el momento de la compra disponéis de 1 mes para poder iniciar la reproducción, y una vez iniciada esta disponéis de 72h horas para verlo completo las veces que queráis. Poco a poco la biblioteca irá creciendo con todos nuestros talleres.

¿Cuánto tiempo llevas luchando contra la báscula? ¿Cuánto tiempo llevas saltando de dieta en dieta, de libro en libro, buscando el milagro? Mucho tiempo buscando ese milagro que de una vez por todas te permita tener unos buenos hábitos alimenticios que regulen tu peso y que te hagan sentir bien. Muchísimas son las personas encadenadas a una dieta milagrosa, adictas al último artículo sin rigor que les siga dando esperanzas para poder perder esos kilos de más que detestan. Llevan años esperando. Y es que puede que el milagro no exista, y tampoco la dieta perfecta.

Comer con serenidad es una de las claves para poder llevar una alimentación saludable. Porque no solo se trata de saber qué comer, sino del ritmo y la proporción adecuada. Muchas personas dicen ser capaces de sentarse al desayuno, al medio día y a la cena y saber qué tienen que comer, pero el estrés, la prisa o emociones como el aburrimiento o la frustración los llevan a comer de forma compulsiva.

Tener una buena vida no significa para todos lo mismo. Depende de nuestras prioridades, deseos y valores. Tener una buena vida es aquella en la que tú te sientes satisfecho con lo que eres y con lo que haces. Implica vivir con honestidad, con coherencia, respetando tu forma de sentir y tomar decisiones.

Conseguirlo no siempre es fácil. Estamos muy condicionados por la opinión y las necesidades de los demás. A veces nos cuesta buscar nuestro tiempo, defender nuestras ideas, tomar decisiones que van a disgustar a otros. Nos dejamos arrastrar y al final del día no tenemos la sensación de que haya sido un gran día.

Pero si pudieras salir a vivir la vida que tú deseas… ¿por qué empezarías ahora? Cuando tienes una buena vida tienes ilusión por levantarte cada mañana.

La educación es algo muy, muy importante, pero debemos perderle el lado solemne, serio, rancio. Debemos dejar de copiar antiguos modelos de educación para empezar a innovar, a ser creativos y a pensar que existe otra educación al margen del grito y de la autoridad. Está claro que no todos los niños responden igual. Pero sí os puedo asegurar que la mayoría de ellos funcionan y responden mucho mejor cuando respetamos sus tiempos, cuando les dejamos su espacio y cuando les tratamos con el máximo respeto, como lo haríamos con un igual.

Esto no tiene nada que ver con dejar que hagan lo que quieran, ni mucho menos. Si hay algo importante en la educación de nuestros hijos, alumnos y deportistas es ponerles límites y educar en valores, como la disciplina, el trabajo, el esfuerzo o la responsabilidad. Pero el dilema aquí está en cómo ponemos esos límites y cómo educamos en valores.

Los padres tienen miedo a perder el respeto si juegan con sus hijos a la hora de educarles. O tienen miedo a jugar y que esto lleve a sus hijos a relajarse y a no entender el sentido de la responsabilidad. Pero ¿y si fuéramos capaces de educar en esos valores de forma divertida? ¿Siempre será posible? No. Pero sí muchas más de las veces que tú te imaginas. Y las que no lo sean, tampoco vas a necesitar ni el grito, ni las amenazas, ni mucho menos levantar la mano.

La ansiedad es una emoción necesaria para vivir, porque nos avisa de los peligros o de situaciones que nos hacen sentir incómodos. Pero la mayoría de los miedos actuales suelen ser por la anticipación catastrófica. No confiamos en nosotros, anticipamos el fracaso, el dolor o posibles problemas, rumiamos preocupaciones que no dependen de nosotros, tenemos miedos…

En este taller aprenderemos habilidades para manejar la ansiedad adecuadamente y conseguir así que no limite tu vida.

Y tendrás la oportunidad de conocer el mundo de la meditación y el mindfulness durante dos horas de la mano de Yolanda Cuevas.

Mindfulness es la capacidad de prestar atención consciente a nuestra experiencia (sensaciones corporales, sentimientos y pensamientos) en el momento presente de manera intencional, sin juicio y con aceptación. Una habilidad con la que nacemos pero que se pierde en la vida acelerada y automática.

Equilibrio, manejo emocional, capacidad de atención, no perderse en la mente y sus pensamientos, mejorar las relaciones son algunos de los deseos en la actualidad. El entrenamiento en mindfulness o atención plena ayuda a conseguirlo.

La fatiga pandémica se manifiesta como cualquier fatiga de tipo mental: estar irascible, cansado, saltarte tus hábitos de vida saludables, tener problemas de sueño, ganas de llorar, falta de atención y concentración, sensación de indefensión, no entender tus emociones, pérdida de ilusión por lo que antes era placentero.

Debemos escuchar nuestros síntomas, entenderlos, permitirles estar…pero a la vez es necesario cuidar de nuestra salud emocional y normalizar estados de tristeza y desilusión que puedan complicarse en un trastorno depresivo.

La flexibilidad mental es un valor imprescindible para poder relacionarnos con nosotros mismos y con los demás. Poder cambiar de planes, adaptarnos a nuevas circunstancias personales y laborales, ceder, negociar… Todo forma parte de la inteligencia.

El problema surge cuando tomar una decisión, implicarnos en un proyecto, decidir cambiar de hábitos supone un bloqueo emocional. ¿Alguna vez has vivido la parálisis por análisis? Puede llegar a bloquearnos completamente.

Comprometernos con los propósitos que nos marcamos en enero o septiembre no siempre es fácil. La ilusión del inicio cuando los redactamos no siempre se transforma en acción y consecución.

En este taller nos entrenamos para cumplir con nuestros propósitos y plantearnos nuestras prioridades como si no hubiera otra opción. Vamos a por ello sí o sí…si tú lo deseas.

La adversidad forma parte de la vida, tal y como ahora lo estamos comprobando. La adversidad es una pandemia, es un problema laboral, es un problema personal, es encontrarte con una piedra injusta en el camino. La adversidad existe, no la podemos evitar. Pero sí podemos aprender a decidir cómo reaccionamos ante ella.

Y es que frente a la adversidad importa más nuestra actitud, nuestra capacidad de resiliencia que la propia adversidad en sí. Entrenar nuestros recursos emocionales, cognitivos y conductuales ante las adversidades de la vida, personales, sociales o laborales, nos hace fuertes. Y nos da seguridad, confianza y determinación.

¿Y si a partir de ahora la adversidad no fuera algo que nos bloqueara, que nos hiciera tambalearnos? ¿Y si pudiéramos entrenar nuestra actitud para hacerle frente?

La rutina, el ritmo, los hijos, no tener tiempo, el entorno. Hay veces en que de forma no consciente terminamos por dejar de ver el lado bueno de la pareja. Vivir en pareja y disfrutar de esa convivencia es algo a lo que aspiramos muchos. Pero a veces se tuerce.

¿Por qué algunas personas alcanzan esa complicidad, sentir pasión y amor, disfrutar juntos, reírse…sencillamente, estar bien juntos? La suerte puede ser un factor. Pero la mayor parte de las veces hay detrás un trabajo consciente en el que a través de valores como la generosidad, la empatía, la comprensión, la comunicación y el lugar dónde ponemos el foco de atención, conseguimos una estabilidad y un disfrute en pareja.

Encontrar el lado bueno de la pareja nos ayudará a vivir la pareja con plenitud. Y en este taller vamos a aprender cómo.

La motivación, la ilusión, el deseo, la vitalidad a veces nos nacen de dentro, aparecen de la nada…y otras las tenemos que buscar. Venirnos arriba ante una buena noticia o cuando las circunstancias son favorables es fácil. Pero venirnos arriba ante la dificultad, ante esta sensación de pena e incertidumbre, cuesta un poco más.

No tenemos que sentirnos obligados a estar siempre alegres o a mostrarnos felices y simular emociones que no sentimos. Pero sí que tenemos que saber que podemos gestionar nuestras emociones para estar más a gusto, provocar momentos bonitos que puedan cambiar nuestro estado de ánimo y energía cuando nosotros decidamos que es el momento.

Vivir con vitalidad e ilusión también se puede entrenar.

Quererse bien es respetar nuestro cuerpo y nuestra mente. Es darle lo que necesita, es proporcionarnos bienestar, serenidad, tiempo. Quererse bien es autocuidado, es mimo. Es estar en harmonía con nuestros valores, deseos y responsabilidades.

No sabemos querernos bien porque nos han educado para entregarnos a los demás. Y esto es maravilloso, pero no es incompatible con entregarnos también a nosotros.

Ahora es el momento de aprender a cuidar de nosotros, de nuestra salud, de nuestras emociones, de nuestro ocio, de nuestro presente y nuestra vida. Es ahora y es hoy.

¿Enganchado a las relaciones conflictivas? Hay parejas que no encajan con nosotros y aun así nos atraen. El bohemio, el interesante, el complicado, al que necesita ser salvado… y siempre son problemas. Todo, menos una persona fácil. Parezca que las personas fáciles, buenas, sencillas, fuesen aburridas para muchas personas. Algunas parejas necesitan riesgo, emoción, adrenalina…pero indudablemente esta persona que genera esa emoción en acción suele ser más compleja y complicada.

¿Te has preguntado alguna vez por qué tropiezas siempre con el mismo tipo de persona o por qué siempre acabas en ese tipo de relaciones tormentosas? En este taller aprendemos a elegir la pareja adecuada.

El amor no es sufrir, no es aguantarse, no es resistir, no es por los niños ni por el que dirán, ni porque perderemos a los amigos en común. El amor es quererse, es afecto, es disfrutarse, es desearse, es complicidad, es comunicación, es sexo, son desavenencias y son soluciones, algún contratiempo y sus reconciliaciones.

Nos emparejamos pensando que nuestra relación será un proyecto bonito de futuro, pero no siempre la relación de pareja cumple con las expectativas que teníamos al principio. Normalmente somos consciente de cuándo nuestra relación de pareja no funciona, tratamos de salvarla cómo sea, pero siempre es posible. Y en esos casos no se debería forzar. Deberíamos tomar decisiones que nos permitirán ser felices solos o con otra relación de pareja. Deberíamos dejar marchar a quién ya no desea seguir compartiendo su vida con nosotros.

¿La terapia de pareja salva todos los problemas? ¿Todo tiene arreglo? En este taller veremos los casos en los que es preferible tirar la toalla antes que seguir forzando algo que se repele. Una retirada a tiempo te puede ahorrar mucho sufrimiento.

La comunicación es, de todos los cimientos que sostienen la pareja, la piedra angular. Si te falla la comunicación, te falla todo. La comunicación o, mejor dicho, el entendimiento, permite dar solución a otros problemas. Si no puedes hablar de ello, si no empatizas con la postura de la otra parte, si no argumentas la tuya, si no te expresas con claridad y en lugar de eso te cierras en banda, no se podrán resolver otros conflictos. Y los que conflictos que se dejan sin resolver muchas veces se enquistan, pero rara vez se solucionan solos.

La clave no siempre está en hablar mucho. Sino en hablar bien. Esto es el entendimiento. Comunicarnos de forma correcta engloba la comunicación verbal, qué decimos, y la comunicación paralingüística y no verbal, cómo lo decimos.

La educación es algo muy, muy importante, pero debemos perderle el lado solemne, serio, rancio. Debemos dejar de copiar antiguos modelos de educación para empezar a innovar, a ser creativos y a pensar que existe otra educación al margen del grito y de la autoridad. Está claro que no todos los niños responden igual. Pero sí os puedo asegurar que la mayoría de ellos funcionan y responden mucho mejor cuando respetamos sus tiempos, cuando les dejamos su espacio y cuando les tratamos con el máximo respeto, como lo haríamos con un igual.

Esto no tiene nada que ver con dejar que hagan lo que quieran, ni mucho menos. Si hay algo importante en la educación de nuestros hijos, alumnos y deportistas es ponerles límites y educar en valores, como la disciplina, el trabajo, el esfuerzo o la responsabilidad. Pero el dilema aquí está en cómo ponemos esos límites y cómo educamos en valores.

Los padres tienen miedo a perder el respeto si juegan con sus hijos a la hora de educarles. O tienen miedo a jugar y que esto lleve a sus hijos a relajarse y a no entender el sentido de la responsabilidad. Pero ¿y si fuéramos capaces de educar en esos valores de forma divertida? ¿Siempre será posible? No. Pero sí muchas más de las veces que tú te imaginas. Y las que no lo sean, tampoco vas a necesitar ni el grito, ni las amenazas, ni mucho menos levantar la mano.

Uno de los valores que nos permite relacionarnos cordial y amablemente con los demás es la servicialidad. Pero ser servicial no significa ser servil. Entre un concepto y otro hay una diferencia enorme que muchas personas desconocen porque el límite a veces es complicado de dilucidar. Y es que cuando dejamos de atender las necesidades y las peticiones de los demás nos sentimos egoístas y malas personas. Por ello nos cuesta decir no cuando nos piden un favor. Porque hemos sido educados en que anteponer las necesidades de los demás por delante de las nuestras es un acto de generosidad, de altruismo y de bondad. Y además, cuando te das a los demás, sueles automáticamente sentirte bien. Ser generoso suele ser una conducta que se refuerza inmediatamente por los demás y por tus propias sensaciones de bienestar.

Aprender a decir no permite decidir y elegir qué hacer con tu tiempo, con tus recursos y con tu energía. No se trata de priorizarte siempre tú o de no ceder ante según qué peticiones. Se trata de poder elegir cuándo, cómo y dónde hacerlo, de tal manera que estar disponible para los demás no se convierta en una obligación que te agobie.

Autoestima no es algo que uno tenga o deje de tener. Al revés, todos tenemos autoestima, aunque ahora estemos desconectados de ella. Hemos ido creyendo toda esa información sobre nosotros que nos ha llegado del entorno, nos hemos quedado con todas las etiquetas limitantes que han condicionado nuestras decisiones y nuestras oportunidades. Pero es hora de ser lo que deseamos ser. Así que entrenemos la autoestima para sentir, aprovechar y disfrutar de todas las cosas maravillosas que llevamos dentro. La autoestima positiva se puede desarrollar en el momento en el que decidas ponerte con ello. Igual hoy no te aprecias ni te consideras, pero entrenando algunos aspectos aprenderás a quererte un mucho más.

El autocontrol y la fuerza de voluntad son una habilidad que facilita el éxito. El autocontrol se entrena, como entrenamos nuestro físico. Supone elegir entre el deseo inmediato, fruto de lo que apetece o de lo que impulsivamente nos pide el cuerpo, o saber esperar para tener un premio mayor a largo plazo. Debatirnos entre el corto y largo plazo es un esfuerzo que debemos entrenar. Es una de las tareas más complicadas. Supone hacer renuncias y dejar de entrar en el debate interno.

El autocontrol está presente en todas las facetas de nuestra vida, desde aquello que elegimos para comer, el ejercicio que practicamos, dejar de posponer lo que nos cuesta un esfuerzo o para romper una relación tóxica en la que nos hemos acomodado. Entrenar el autocontrol supone tener paciencia, poner límites, horarios, restricciones, saber esperar. Para ello es importante aprender a convivir con la frustración.

Muchos padres y madres se quejan de que sus hijos no se comunican con ellos, que nos les hacen partícipes de sus vidas, que apenas los conocen porque se aíslan y no se abren. Pero ¿y tú, te comunicas con ellos, les haces partícipes de tu vida?

La comunicación y el entendimiento son los pilares de las relaciones humanas. Nos ayudan a compartir cómo nos sentimos, lo que nos preocupa, lo que nos apasiona. Es la vía para generar confianza.

No se trata de que los hijos compartan con nosotros todo, todo, ni de que seamos sus amigos, pero sí poder tener la posibilidad de disfrutar de sus vidas, de sus amigos, de sus pasiones, poder corregir desde el amor y el cariño, poder aconsejarles sin faltarles el respeto.
Padres y madres necesitamos cambiar algunos de nuestros hábitos de comunicación para conseguirlo. Y entonces la relación con ellos se disfruta muchísimo más.